
El Islam ha sido presentado a los hombres como la religión para toda la humanidad. El sello de los Profetas, Muhammad, el Último Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), fue enviado a todos los hombres, como dice el Sagrado Corán (interpretación del significado): “Y no te enviamos [¡Oh, Muhammad!] sino como albriciador y amonestador para todos los hombres. Pero la mayoría lo ignora.” [Saba’ 34:28]. El camino no fue fácil, pero después de la dificultad viene la facilidad, y es así como el Islam se fue abriendo paso. Nuestro Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus compañeros (que Allah esté complacido con ellos) fueron enseñando el mensaje que fue revelado en un período de 23 años al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y él a los demás, hace más de 1400 años.
Un mensaje fácil de digerir y adoptar por el corazón puro y sincero que, al comprenderlo sólo le queda decir: La Illaha illa Allah wa Muhammadan ‘abduhu wa rasuluh (No hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Allah y Muhammad es su siervo y mensajero).
En este número de Luz del Islam, les presentamos las historias de quiénes han aceptado y adoptado el Islam en un país tan recóndito y ajeno al Islam como lo es Chile, y que poco a poco se van integrando en una sociedad que ha convivido con la cultura árabe durante años y que hoy está abriendo sus puertas a nuestra bella religión, a pesar de las dificultades y barreras que existen en “occidente”.
Agradecemos a los hermanos: Abir, Besma y Faruk de Santiago, la hermana Zahra de Chillán y la hermana Fatema de Temuco.
Que Allah Glorificado y Ensalzado sea afirme sus pasos y los nuestros, amin